UN CUENTO DE VERDAD, FICCION Y CRIMEN

La bestia peluda y blanca, caminaba por el bosque delante de mí; pues de vez en cuando me asaltaban ganas de detenerme para apreciar el paisaje. El frío ciertamente se dejaba sentir con toda su saña, aunque todavía no había logrado congelar los arroyos, cuyas aguas cristalinas centelleaban mientras fluían debajo de finas capas de hielo, rugiendo quedamente, como un pequeño animal que duerme. El resto del bosque, que durante el verano alberga estos arroyos con flora gruesa y lustrosa, ahora, en el invierno, tenía un aire surrealista, casi como un cuento de adas, con velas de hielo extendiendose desde las puntas de los árboles desnudos y cubiertos solo con una cobija de nieve que brillaba como el agua; el terreno un tanto montañoso, daba al viaje un aire aventurero, al tener que caminar, escalar y hasta gatear a ratos, bajo el sol, cuyos rayos penetraban intermitentemente por entre las ramas de los eucaliptos, los arboles más altos en el bosque. El viaje tenía un aire encantador, pero en las noches y bajo un frío glacial, la oscuridad entre los árboles era macabra; parecía escucharse susurros al acecho, emanando de la nada. Por ahora nos hallábamos a salvo; arrullados por un concierto orquestado exclusivamente para nosotros – una mezcla de sonidos provenientes de la naturaleza, que aún podían penetrar el invernal frío amargo y confundirse con el rumor de las aguas, en el aullido ronco del aire y en el resto de los ruidos que sutilmente se escondían en el fondo. De todos modos, no había mucho tiempo para quedarse quieto puesto que la bestia blanca era joven, vigorosa e impaciente… asi que debíamos continuar. Ademas,permanecer estático en un lugar, era como recordar a los huesos lo frío de aquel paraje, a pesar de lo hermoso del paisaje.               

Cuando finalmente llegamos al confín del bosque, donde mi compañero sabía que estableceríamos campamento, el sol comenzaba a desaparecer lentamente detras de los arboles en la punta occidental, iluminando el cielo encima de ellos con llama entre violeta y anaranjada, lo cual me hizo tener la impresion de que estábamos siendo quemados vivos. Mi peludo companero, lleno de energia y completamente equipado para no solo soportar el frío, sino más bien para prosperar en él, corría frenéticamente en circulos, aullando y ladrando muy exaltado en un ataque aparentemente descontrolado. Cuando hube terminado de installar el campamento, comenzamos a jugar juntos, como dos hermanos – despreocupadamente, libre de azares y aprehensiones, llenos de mutua confianza-. Pero a medida que se acercaba la noche con oscuridad que como gigantesca boca devoraba todo a su paso, nos acurrucamos en nuestro nido cerca de la fogata, y preparamos nuestros ánimos en espera de todas las maravillas y terrores que sobrevienen con la noche, y más ahora, tratándose de estar bajo un cielo abierto e implacable. El frío estaba asombrosamente dominado, por lo que se nos hizo menos duro arrostrar la inclemencia de la noche sin haber tenido que sentir nuestros huesos su incompasivo efecto. Creo que habré dormido, o tal vez simplemente me perdí en la quietud de la noche, porque cuando me di cuenta, observé que mi compañero se había ido. Me levanté en seguida y comencé a llamarlo, pero no tuve respuesta alguna, asi que me encaminé hacia la densa oscuridad enfrente de mí, donde sabía que solo había árboles y alimañas de la noche.

Al acercarme a la oscuridad, lejos ya de mi fogata, comencé a oir el crujir de las ramas al quebrarse y un gruñido que en seguida supe que era el de mi compañero. Cuando finalmente me aproximé lo suficiente para distinguir la silueta enfrente de mi, asiéndome de la piel blanca de mi compañero, pude notar  que jalaba algo que sostenía en su boca, y cuyo otro extremo estaba firmemente ligado a algo que aún no alcanzaba a distinguir. Llamé a la bestia, pero no hizo ningún caso; simplemente continuó jalando a su víctima y gruñendo. Acercándome aún más, y con el auxilio de la tenue luz de la luna, pude ver que solo se trataba de la rama de un árbol, y sintiendo alivio de que no se haya tratado de alguna víctima viviente, suspiré profundamente y descancé contra el grueso tronco de un árbol, todavia viendo la escena enfrente de mí. Y eso fue todo… A continuación, solo observé a la bestia jalar la rama hasta que finalmente se quebró, produciendo un sonido como “THWACK”, tan fuerte como el sonnido de un balazo resonando en la espesura del bosque hueco. De repente, una siniestra sensación se apoderó de mí en torno de toda la escena: fue algo semejante a la impresión de haber disfrutado de la acción de la bestia arrancando la rama sin razón alguna, por lo que me sentí rodeado de gran perturbación.

Cuando todo hubo terminado, una costra verde cubria lo que quedaba del brazo del pobre arbol, y la bestia simplemente se retiró bailando felizmente con su rama en la boca hacia nuestro campamento. Permanecí mudo enfrente de todo esto dado que tuve la impresión de que había presensiado un macabro crimen del cual hasta había disfrutado, y que había hecho absolutamente nada para detener al perpetrador o para socorrer a la víctima de quien apenas comencé a advertir había sido enteramente indefenso. Me acerqué al pobre arbol destrozado; casi avergonzado de estar en su precensia, para finalmente poner mi mano sobre su miembro herido y cercenado. Fue entonces que comencé a sentirme infundido por algo extraño; a sentir algo dentro de mí….emoción, acaso…si, eso es lo que sentí….comencé a experimentar una emoción que me ligaba a esta victima, y le susurré: “Lo siento…” No sé porque, pero me pareció como que miraba fijamente a los ojos llorosos y suplicantes de alguien que había caído victima de un tirano; me sentí responsable de no haber estorbado la mano de ese tirano cuando vi su acción y cuando tube la oportunidad de acerlo…

Fue entonces cuando me di cuenta de que todos esos temores de la noche a los que me había aferrado hace poco, y que las imagenes de algo horrible que vive escondido en ella, al acecho para arrebatar mi alma o mi mente, nunca se harían realidad. No por ser imposible, puesto que la mente es algo muy poderoso y que tiene la virtud de encontrar el horror que se proponga , sino más bien porque lo único que de veras se esconde alli, en la noche, en los más profundos bosques, junglas,  parques y patios son solo Arboles: Guardianes de nuestra más preciada y urgente necesidad – el oxigeno – y autores de nuestros sueños más codiciados – la belleza pura.

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La proxima noche, durante el regreso, entre un frío que carcomía los huesos, la excursión repentinamente se revistió de un aire más vivaz…más holístico….más serio…más solemne…y la noche, solitaria y silente, ya no parecía tenebrosa, si no más bien compasiva y tierna, como un regazo acogedor y tranquilo, invitandote a dormir. Pero lo que realmente se sintió diferente, fue la manera en que estas criaturas gigantescas y benevolentes, quienes nunca se atreven a causar daño y quienes nunca dicen una sola palabra, ahora parecían velar nuestro camino, pintando en nuestro frente un dulce retrato de una magia y una realidad que van mucho mas allá de los limites de nuestra comprension.

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